La clase trabajadora seríamos los más beneficiados si las corporaciones, en su afán por obtener más ganancias no pudieran seguir destruyendo nuestro planeta. Seríamos los más beneficiados si la educación fuese gratuita y sin lucro. Los más favorecidos si el trabajo estuviese al servicio de la humanidad y no para enriquecer a unos pocos. Lo anterior es porque somos la clase absolutamente mayoritaria, la que con su trabajo genera casi el 100% de la riqueza necesaria para la sobrevivencia de la humanidad.
Contrariamente el resto de las clases sociales a las cuales les conviene que nada cambie, pues solo representan una pequeña fracción de la población, y generan una pequeñísima porción de la riqueza del mundo y reciben la mayor parte.
Es falso que la unidad de los trabajadores sea imposible porque supuestamente “somos permeables a antivalores como el machismo, la homofobia, el racismo, la xenofobia, el consumismo, etc.” No somos más permeables que los individuos de otras clases sociales pero, a diferencia de ellos, la mantención de dichas prácticas no nos beneficia, al contrario nos atomizan, perjudican y oprimen.
Los llamados a la unidad han sido el pan de cada día los últimos 25 años y a pesar que los trabajadores fuimos parte de esos llamados, nada cambió para nosotros. Los ricos se hicieron más ricos, la Concertación tuvo cuatro gobiernos, la CUT se ha mantenido usufructuando del poder y ahora el Partido Comunista también tiene parte de la torta. Así, uno podría concluir que la unidad no nos favorece, o sí?
Lo que ha pasado es que de la unidad de la que nos hicieron parte y hablan hoy es una falsa unidad, que se construye a partir de cuestiones totalmente pragmáticas, no sobre la base de principios. Y cuando la unidad no se rige por principios alguien tiene que ceder y en Chile, las concesiones han sido a favor de los ricos y de gobiernos que incluso han tenido que recurrir al autoritarismo y la represión para forzar la sumisión de las mayorías, en aras de una paz social impuesta. Así fue durante los gobiernos de la Concertación y ahora de Piñera. Para que en lo esencial todo siga igual, la mayoría trabajando para el provecho de unos muy pocos.
La “unidad” de los políticos es y ha sido sinónimo de uniformidad, conformidad, de cancelación de nuestros sueños, de incapacidad para luchar por cambiar el mundo. La “unidad” de las cúpulas políticas es el último acto, el último recurso que les queda a los políticos y burócratas de la CUT para mantenerse en el poder político.
Es por todo lo anterior que llamamos primero a la organización y unidad de los trabajadores sobre la base de principios: educación, salud y vivienda social para todos y fin al lucro, el término de la subcontratación, libertad sindical, libertad de expresión, y otros valores como el respeto a las diferencias individuales y el cuidado de la tierra en que vivimos.
UNIDAD SOBRE LA BASE DE PRINCIPIOS, QUE ASEGUREN LA SOBREVIVENCIA Y BIENESTAR DE LA HUMANIDAD.
*El “pragmatismo” consiste la capacidad de acomodarse para mantener o alcanzar el poder, tiene como fin último servirse del pueblo y no servir al pueblo.













