GATO POR LIEBRE: UNA VIEJA ESTRATEGIA PATRONAL Y DE LOS QUE CLAUDICAN
Muchos dirán que los pueblos tienen los gobiernos (y dirigentes) que se merecen, apuntando al pueblo como único culpable y responsable de su situación y minimizando la capacidad reflexiva. Otros se justificarán con que se trata de elegir el mal menor, como si no fueran suficiente mal las miserias que viven millones de trabajadores y sus familias, miserias producto de sobrevivir con salarios inferiores a doscientos cincuenta mil pesos o en la cesantía o en trabajos precarios por cuenta propia. Miserias de una vida empobrecida por el escaso tiempo libre y peor aun, tiempo libre administrado por el mismo poder que administra el tiempo que se vende. Miserias de trabajadores que padecieron el empobrecimiento de la vida en dictadura, luego los últimos veinte años y ahora hasta quien sabe cuándo.
Pero también existen otros sinvergüenzas que sin siquiera disimular su concubinato con la Concertación nos quieren para ocultar su fracaso, su dependencia del estado, su renuncia a cambiar el mundo y por segunda y tercera vez nos quieren pasar gato por liebre. Para ganar votos de izquierda y de los trabajadores para la bolsa de Frei, suscriben “doce compromisos por la democratización y el avance social de chile”, pensando que los trabajadores no tenemos memoria y que olvidamos que ya para salvar a Bachelet hace cuatro años suscribieron “cinco compromisos” que obviamente se olvidaron luego de la elección.
De los “doce compromisos” que ahora sacan de la manga, el quinto se refiere al mundo de los trabajadores y se denomina “Por la ampliación de los derechos de los trabajadores”. En él, prometen respaldar y empujar una agenda “de reforma laboral como la propuesta por la Central Unitaria de Trabajadores”, como si la Central realmente hubiere defendido a los trabajadores estos veinte años de “transición”. En concreto, las promesas son una serie de declaraciones demagógicas que no tienen asidero con la realidad. Desde la vereda de los trabajadores, que no queremos más espejos sino que una vida digna y libre, no queda más rechazar esta burla. La sola utilización de conceptos tales como “relaciones laborales más equilibradas”, “garantías más claras” o “generar regulaciones que se hagan cargo de las nuevas realidades laborales” demuestra la falta total de voluntad de un cambio radical de las relaciones entre capital y trabajo. Más bien, dejan en claro el interés de perpetuar la subordinación del segundo a favor del primero.