La clase trabajadora seríamos los más beneficiados si las corporaciones, en su afán por obtener más ganancias no pudieran seguir destruyendo nuestro planeta. Seríamos los más beneficiados si la educación fuese gratuita y sin lucro. Los más favorecidos si el trabajo estuviese al servicio de la humanidad y no para enriquecer a unos pocos. Lo anterior es porque somos la clase absolutamente mayoritaria, la que con su trabajo genera casi el 100% de la riqueza necesaria para la sobrevivencia de la humanidad.
Contrariamente el resto de las clases sociales a las cuales les conviene que nada cambie, pues solo representan una pequeña fracción de la población, y generan una pequeñísima porción de la riqueza del mundo y reciben la mayor parte.
Es falso que la unidad de los trabajadores sea imposible porque supuestamente “somos permeables a antivalores como el machismo, la homofobia, el racismo, la xenofobia, el consumismo, etc.” No somos más permeables que los individuos de otras clases sociales pero, a diferencia de ellos, la mantención de dichas prácticas no nos beneficia, al contrario nos atomizan, perjudican y oprimen.
Los llamados a la unidad han sido el pan de cada día los últimos 25 años y a pesar que los trabajadores fuimos parte de esos llamados, nada cambió para nosotros. Los ricos se hicieron más ricos, la Concertación tuvo cuatro gobiernos, la CUT se ha mantenido usufructuando del poder y ahora el Partido Comunista también tiene parte de la torta. Así, uno podría concluir que la unidad no nos favorece, o sí?







Según la secretaria del sindicato Maria Victoria Ramirez los salarios promedio apenas rozan los 120 mil pesos. “Eso según lo que uno haga, porque acá nos pagan por producción















